Esta edición


1)  Este volumen reúne los escritos dispersos de Antonio Machado hasta el inicio de la guerra civil en 1936: artículos en periódicos y revistas, cartas, prólogos, alocuciones y discursos, conferencias, entrevistas, manuscritos varios... En total, 264 textos, 71 de los cuales nunca habían sido publicados anteriormente en ediciones de obras de Machado. Por «escritos dispersos» se entiende lo no recogido por Antonio Machado en libro, es decir, todos sus escritos en prosa a excepción de Juan de Mairena, que aunque publicado por entregas en los periódicos Diario de Madrid y El Sol a lo largo de los años 1934-1936, fue reunido por él en volumen poco antes de la guerra. Tampoco incluye esta edición los cuadernos de apuntes manuscritos de Machado, tanto el rotulado como Los complementarios (1912-1926) como los restantes ocho cuadernos que posee la Institución Fernán González de Burgos. Estos cuadernos de apuntes, dadas sus características, en mi opinión deberían publicarse en un volumen conjunto e independiente.


Esta edición habrá de completarse en un futuro con los escritos de Machado en los años de la guerra de 1936-1939, que sin duda darán lugar a un volumen tanto o más extenso que éste dada la ingente actividad de Antonio Machado en aquellos años, a pesar de su precario estado de salud y su ya avanzada edad.


Es evidente que estas Prosas dispersas no pueden considerarse «completas», aunque sea la recopilación más exhaustiva hasta la fecha: son muchas, probablemente, las cartas de Antonio Machado en manos de particulares, los cuales las darán a conocer cuando lo crean oportuno, varios también los manuscritos y borradores cuyo paradero se desconoce (singularmente el manuscrito de su discurso de ingreso en la Academia Española), y es posible también que haya aún más de una colaboración suya en la prensa de ámbito nacional por salir a la luz, o perdida en alguna rara revista literaria. De hecho, no hay año en que la crítica no dé a conocer algún nuevo escrito de Machado que permanecía olvidado en los periódicos o algún que otro grupo de cartas (i.e., en Montevideo es probable se conserven varias cartas de Machado al poeta uruguayo Julio J. Casal, director de la revista Alfar de La Coruña en los años veinte, y cuyo paradero no he logrado averiguar).


2)  Todos los escritos incluidos en esta edición —sean artículos en periódicos, cartas o manuscritos— han sido cuidadosamente cotejados con sus originales, que es de donde se han tomado para su publicación. Éste es el aspecto más relevante de esta edición, o cuando menos mi propósito al realizarla: ofrecer al lector una edición rigurosamente fidedigna de los escritos de Machado, limpios de las infinitas erratas, gazapos, enmiendas y contraenmiendas de los sucesivos editores que adornan desdichadamente las ediciones modernas de Antonio Machado. Esta labor, por otra parte, nunca se había realizado de un modo sistemático. Así pues, el lector tiene la certeza de que lo publicado en estas Prosas dispersas es lo que publicó —o escribió— Machado, y esto es en primer lugar lo que me propuse en esta edición y el objetivo perseguido con ella.


Ahora bien, dicho esto hay que hacer las siguientes observaciones:


— Se enmiendan las erratas (y los errores de lectura), tan frecuentes en los periódicos de comienzos de siglo (caso paradigmático, el republicano El País, o en la prensa local, La Voz de Soria). Hay que tener en cuenta que hasta los años veinte no aparece la figura del corrector «profesional» —ni en los periódicos ni en las editoriales (libros como Contra esto y aquello, 1912, de Unamuno, publicado por la editorial Renacimiento, están plagados de erratas)—, y se dejaba al albur del redactor o del propio tipógrafo el buen fin de lo publicado. Así es, por ejemplo, que en un artículo de 1905 encontramos los nombres de los poetas suecos Snoilsky y Gripenberg compuestos hasta de tres maneras distintas en el corto espacio de unas líneas, y en el siguiente párrafo hay citados en inglés tres versos de Alastor de Shelley donde el desesperado tipógrafo no acierta una.


Hay que tener en cuenta que Machado no empleó máquina de escribir hasta bien entrados los años treinta (y aun cabe suponer que la utilizaría su hermano José, pasándole «a limpio» sus escritos —como haría durante los años de la guerra—, dada la legendaria torpeza y aversión para con los artilugios mecánicos de Antonio Machado); es decir, que entregaba para su publicación los textos en sus famosas cuartillas o medias cuartillas manuscritas, y la caligrafía de Machado no es precisamente de las fáciles de leer, con lo que los errores de lectura por los sufridos tipógrafos necesariamente habían de menudear. Sea como sea, en más de una ocasión —como podrá comprobar el lector en estas mismas Prosas dispersas— el propio Machado se quejaría de las erratas en los periódicos que deslucían sus escritos.


— Se respeta la puntuación de Machado —corrigiéndose sólo en aquellas raras excepciones en que dificulta sobremanera la lectura o puede llevar a confusión—, lo cual no han solido hacer los editores de Machado, que habitualmente enmiendan la puntación hasta cuando no viene a cuento. Hay que tener en cuenta que el modo de puntuar de Machado es un tanto especial: puntuaba según las pausas del «habla», y no según las pausas de la lectura, que no tienen por qué coincidir ni mucho menos. Ello hace que muchos de sus escritos —particularmente aquellos cuya puntuación no fue corregida sobre la marcha por los tipógrafos de los periódicos— parezcan como tomados al dictado por un taquígrafo, lo cual les otorga un cierto aire de espontaneidad y de cosa «hablada», que desde luego he creído debía mantenerse.


— He unificado los usos tipográficos —empleo de cursivas, mayúsculas, comillas...— según es uso común hoy en día. En realidad, cada periódico tenía sus usos tipográficos, si es que tenía alguno, y unos componían el título de un libro en cursiva y otros en redonda y entre comillas, etc. No me ha parecido que ello debiera respetarse en absoluto, pues nada nos dice sobre Machado sino todo lo más sobre las costumbres tipográficas de los periódicos, lo cual no nos interesa aquí. En la época era frecuente también el uso de mayúsculas iniciales mayestáticas (Humanidad, Arte, Patria...) o de ciertas mayúsculas diacríticas que han caído en desuso (Prensa...), que tampoco he creído conveniente mantener.


Por el contrario, los manuscritos se reproducen fielmente, incluso tratando de imitar en la página su disposición tipográfica. La única excepción es lo que repecta al uso de cursivas: se escriben de cursiva los títulos de periódicos, revistas y libros, como es usual y aceptado hoy día, por más que Machado soliera escribirlos entre comillas (como por otra parte tampoco tiene nada de particular). La justificación de ello es meramente estética: la cursiva aligera el mazacote tipográfico, le da aire y respiro, y facilita al lector la rápida identificación de lo escrito. Se corrigen también los descuidos en la acentuación, los lapsus ortográficos, y —aunque no es frecuente ni deliberado como en Juan Ramón Jiménez— la peculiaridad ortográfica típicamente andaluza de Machado de escribir en algunas ocasiones j en lugar de g delante de e, i.


3)  La ordenación de los escritos de Machado en esta edición es rigurosamente cronológica. Este criterio de ordenación —entre otros muchos posibles— es el menos abstracto y el que mejor evita la intervención del editor en ellos. Hay que tener en cuenta que los escritos publicados aquí en ningún momento pretendió su autor reunirlos en libro, de modo que cualquier otro criterio de ordenación distinto al cronológico —dejar simplemente que los textos se sucedan según fueron producidos, es decir, escritos o publicados— hubiera implicado una injustificada intervención del editor, dando estructura de «libro», de alguna manera, a lo que nunca lo fue ni pretendió serlo.


Por lo demás, la ordenación cronológica que se ha seguido da como resultado el que pueda leerse la edición como si fuera una especie de «diario» del quehacer intelectual de Machado, de sus preocupaciones y ocupaciones. Esto es particularmente interesante, pues así como sus Poesías completas constituyen un corpus abstracto (digámoslo así, en el sentido de que se mezclan y barajan poesías escritas en muy distinta fecha, y se ofrecen al lector como un «todo intemporal»), la edición de estas Prosas dispersas permite ver a un «Machado en el tiempo», es decir, lo que le preocupaba y ocupaba en cada momento, su «respuesta animada» a los acontecimientos de todo tipo —sociales, culturales, políticos...—, de modo que no sé si puede observarse la «evolución de su pensamiento» (en arte, en política...), pero sí que Machado, en esas prosas, se vuelve transparente al lector. Hay que añadir que las cartas —que es el grueso de la edición—, lógicamente en ellas se expresa sin ambages Machado, lo cual contribuye a esa «transparencia» que digo.


4)  A pesar de su abundancia y extensión, las notas a pie de página que acompañan los textos tienen un interés relativo. No obstante, sí hay dos aspectos en que he puesto especial atención: primero, en la exactitud de las fichas bibliográficas de los textos de Machado que encabezan cada una de las notas generales. Las ediciones al uso abundan en errores y lagunas en la descripción bibliográfica de los textos, errores e incorrecciones que se subsanan en esta edición, e incluso en muchos casos se señalan fuentes que hasta ahora no eran conocidas (caso, por ejemplo, del periódico La Tierra de Segovia).


Segundo, en las notas a pie de página he tratado de poner el acento en la contextualización de los escritos, es decir, las circunstancias que rodearon su publicación, incluso con algún comentario sobre los periódicos o revistas donde se publicaron. Un escrito no es una burbuja aislada, sino algo dirigido a alguien y, en cualquier caso, sólo comprensible en una circunstancia de lugar y tiempo determinados. Es esa «circunstancia de lugar y tiempo» la que he tratado de aclarar en las notas generales que acompañan a los textos.


Por lo que respecta a las cartas, la mayor parte de ellas sin fechar —pues Machado no tenía el hábito de hacerlo—, he procurado datarlas con la mayor exactitud posible, rectificando en no pocas ocasiones las fechas dadas más o menos justificadamente por otros editores.


Observaciones

— Para las poesías de Machado citadas en esta edición empleo números arábigos en lugar de romanos para aligerar la notación y facilitar la lectura.

— Signos utilizados en la transcripción de los manuscritos:

[  ] Palabra o frase omitida.
<  > Palabra o frase de lectura dudosa.
// Cambio de página.


Agradecimientos

Al profesor Rafael Alarcón, que tuvo la amabilidad de leer el borrador de esta edición y alentarme para que este libro llegara a puerto.


Son muchos los archivos y hemerotecas consultados y a todos ellos debo mi agradecimiento: Archivo Gerardo Diego (Madrid), Archivo Municipal de Segovia (y a su director, Rafael Cantalejo), Biblioteca «Castilla y León» (Archivo Manuel Machado, Burgos), Biblioteca de Asturias «Ramón Pérez de Ayala» (Oviedo), Biblioteca de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, Biblioteca Histórica Municipal (Madrid), Biblioteca Nacional (Madrid), Biblioteca Pública de Soria (y especialmente al responsable de la hemeroteca, Carlos Molina Martínez), Casa Museo Unamuno (Salamanca), Fundación José Ortega y Gasset (Madrid), Fundación Juan Ramón Jiménez (Moguer, Huelva), Hemeroteca Municipal de Madrid, Residencia de Estudiantes (Madrid), Sala Zenobia y Juan Ramón Jiménez (Universidad de Puerto Rico), Seminario-Archivo Rubén Darío (Madrid).


Y a los siguientes profesores y particulares a quienes de un modo u otro debo indicaciones y sugerencias o me han facilitado información: Enrique Baltanás (Universidad de Sevilla), Alda Blanco (University of Wisconsin-Madison), Laureano Bonet (Universitat Autònoma de Barcelona), Giancarlo Depretis (Università di Torino), Elena Diego, Germán Gullón (Universiteit van Amsterdam), César Gutiérrez Gómez (Casa-Museo Antonio Machado, Segovia), Miguel d’Ors (Universidad de Granada), Fernando Ortiz, Geoffrey Ribbans (Brown University), Philip W. Silver (Columbia University), Carlos del Valle-Inclán, Carlos Vidales (Stockholms Universitet); y desde luego a los directores de Páginas de Espuma, Juan Casamayor y Encarnación Molina, por sus numerosas gestiones.

Jordi Doménech


Barcelona, 9 de mayo de 2001

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Abel Martín. Revista de estudios sobre Antonio Machado
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