Four roses

(2002)

 

De paso

A Marcial, el Nuncaunpavo

Una copa de vez en cuando
y ropa limpia aunque no flama. Un parchís
y diez o quince libros, mejor si son robados.
Un chorbo guapo que sepa algunas cosas.
Ni un chulo ni un pirado.
Guardad para vosotros lo demás.
Yo estoy de paso.

 

Oficio

El chasquido y la ceniza
de un mosquito en el neón.
El aire entre los radios de una bici.
El alquitrán hirviendo en la cuneta. El poni
de la noria, rompiéndose la polla contra el suelo,
corriendo eterna eternamente tras su jaca.
Las eses de un borracho
que no encuentra su queli.
La moto que derrapa junto a ti
y apaga su motor y hola preciosa.
Un cristo de pensión barnizado diez, mil veces.
Un culo de coñac y un cigarrillo.
Rosario, la Tulipa, pegada con loctite a la farola.
Un pavo que te quiere vacilar,
por cien duros te la va a chupar tu vieja.
Abres el portón.
Los tacones suben por ti las escaleras.

 

Four roses

 

2

Guadalupe, la Farlopa,
le da buenas palizas a su chulo.
Él la teme más que a los maderos.
Diez años dando el callo
y el cuento sigue sigue que es que flipas.
Mola a los clientes las nenas de cristal,
las putas de carácter.

 

3

La Primi está hasta el gorro
de follarse a los soldados.
Con cincuenta, le digo
(y sé que tiene más), no sé qué coño esperas,
¿tirarte a un príncipe, a un galán?
A un tren, tirarme a un tren
si es que se deja.

 

Rogerio

Rogerio jugó en el Onteniente
de defensa y le rompieron las rodillas; en Madrid
hizo de actor de porno suave,
pero tuvo que dejarlo:
las marus incendiaron el local,
lo dejaron en bolas y ahora, tú,
a ver si de chapero,
joder, sigue la juerga.

 

Sin remedio

Se puso el sol. Esperé a que me llamaras.
Estaba sola en medio de este cuarto,
en medio de esta isla sin chiringo y sin pateras.
Llegaron tus palabras
delgadas como hilo de pescar.
Cerré los ojos, la puerta, el grifo
y juré que me piraba,
pero siempre siempre sale algo
que no puede esperar para otro día.

Pagarte un taxi, confiar en que te mueras.

 

Fario

Me jugué la vida con un pobre diablo
y la perdí.
            Sé lo que valgo.
Busco un coleguita que sepa emocionarme
que me diga cosas que antes no entendí.
Seré, si me lo pide, su muñeca, su quiosco,
su luna antigua, su mar de truco.
Pero ahora, por favor,
pon en mi vientre un paño blanco
y húndelo sin miedo.
No dejes, por dios, que ahora, justo ahora,
esto se acabe.

 
Copyright © Violeta C. Rangel

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