Para nada

(1999)

 

Es verdad que todo lo que tocas
se pierde y se avinagra,
que las manos con que doblas
el recuerdo no te sienten,
que aquellos que quisiste
se han largado rambla abajo
montados en un jaco de madera.
Es verdad, pero esta tarde,
al menos esta tarde, dejad que lo celebre.

 

Plaza de Urquinaona

Rojo es el cielo y aún más rojo
es este bolso. Me subo a dos payeses
que quieren hacérselo a la vez
y con descuento. Negro es el cielo
cuando vuelvo y aún más negro
es este bolso. Del humus de la tierra
sale basca a bofetadas. Pillo el siete,
bah, me desayuno, doy de cuerpo.

 

Atravesamos la casa sin hacer ruido.
Su lola ronca en la habitación de al lado
abrazada a una botella de ginebra.
—No quiero líos en mi casa
—me suelta muy rumboso,
y yo le tiro mi sostén, como una reina.
Mejor que acabemos cuanto antes,
cielo mío, no vaya a despertar la loca ésa.
La luz atraviesa como un muerto
los visillos y no parece sino luz
quemada y requemada de cigarros.

 

La luz araña los cristales
y cubre de pavas la mesilla.
Suenan muelles, toses, cañerías.
La peña, de un portazo, se embarca
hacia el talego. Afuera el autobús
cierra sus hojas.
Es la vida
que vuelve como un preso a su cadena.

 

Para Augusto, el Pirri, por exemplo

Estoy de nuevo en Port Ducasse
y miro a todas esas niñas, tan chachis,
tan guapas, tan tontitas. Han vuelto a mí,
carnosos como labios, los recuerdos,
los abrazos que la noche consumió,
sus bofetadas.
Huye niña, ponte a salvo.
Avisa a los bomberos o pilla el primer tren.
Esta ciudad no se merece que la quieras.
Los árboles dejan por el suelo
flores de carmín, plomo de saldo.
Huye, nena, date el piro,
¿no ves que a las palomas
a todas las palomas les aguarda
su parque, su estatua, su alcaide y su cazuela?

 

A Carlino Lenzuolo

El tema era Madrid,
Madrid, toda esa peña
dispuesta a socorrerte, a descubrirte,
a envenenarte, a darte cal, a darte arena.
Aquel viejo podrido en el andén,
capaz de encalamarte, si se tercia,
hasta sus piños por dos copas de ginebra.
Los camareros desmochados del Gijón,
las chinches de Carretas,
el rey, chaval, toda su recua.
Oye, nena, aquí hay que mamar o, en fin,
date por muerta.
Madrid, Madrid, qué flipe de ciudad,
cuántas porteras.

 
Copyright © Violeta C. Rangel

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