|
El otro
En un hotel cualquiera, frente a un espejo, solo,
vigilando de cerca todos mis movimientos
y leyendo un periódico atrasado
con ese claro gesto de haber dormido poco.
Y también en la incierta humedad de pasillos
y sótanos sin nadie,
con sombras que ocultaban su presencia
y azulejos pintados con obscenos
dibujos y palabras indecentes.
O en una estación llena de basura,
cuando al fin me di cuenta de que estaba acechando,
seguro de saldar aquella deuda,
aquel pacto que hice y no recuerdo.
Y, más tarde, en las mesas de algún bar de provincias,
prisionero en las salas de billares con humo
y en tabernas de un barrio miserable...
Tengo su mismo rostro y yo sé qué persigue:
suplantar poco a poco lo que fui, lo que he sido.
Ahora suenan sus pasos cada vez con más fuerza.
¿Y adónde podré ir para ocultarme?
|